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Panorámica de la imponente Cordillera de Los Andes.

Ciruela desecada: negocio en riesgo

Reproducimos nota realizada por el suplemento Fincas del diario Los Andes a Rubén Cano -presidente del CECIM y secretario de nuestra Cámara.

En el sector advierten que será muy difícil financiar el procesamiento de los 180 millones de kilos que se espera cosechar. Además, por la pesadez del mercado internacional, las exportaciones mendocinas no superarían las 25.000 a 30.000 toneladas. Hay remanentes del ciclo 2009/2010. Siguen aumentando los costos y se agrava la falta de competitividad.

Ciruela desecada: negocio en riesgo

El escenario parece no ser muy halagüeño.(Archivo / Los Andes)


La producción estimada, según el pronóstico del IDR, de 180.000 toneladas (estabilizada, podría decirse, tras la merma por accidentes climáticos del ciclo previo) renovará este año la preocupación del sector por algunas cuestiones centrales que ya han sido motivo de preocupación otras veces: de dónde va a salir la plata necesaria para procesar lo producido; a quién se le va a vender la ciruela seca; quién será capaz de afrontar el costo del remanente (porque se descuenta que quedaría sin colocar casi la mitad); qué precio se va a lograr.  

Cotejado esto con los costos de cosecha, flete, secado, acondicionamiento y exportación (sin hablar del precio de la materia prima), cómo quedarán los números al final de la temporada. 

El escenario parece no ser muy halagüeño. Menos aún en esta campaña que en las anteriores, porque no cabe esperar mejoras sustanciales en los precios de comercialización, al menos en los niveles que serían necesarios para neutralizar el ritmo constante de crecimiento que han mantenido los costos y la falta de competitividad cambiaria y fiscal; frente a exportadores de otros países que disputan un mercado internacional que no termina de reaccionar.

No está de más recordar, en este punto, que los mercados prácticamente excluyentes para la ciruela desecada de Mendoza están en el exterior. El mercado interno puede absorber escasamente el 5% de la producción. Por otra parte, Argentina (lo que equivale a decir Mendoza, porque es la única provincia productora) tiene una participación relativa muy escasa en el negocio mundial, y por lo tanto no es formadora de precios.

De manera que, si el piso (costos) sube; y el techo (los precios obtenidos por el producto) no se mueve, el margen es cada vez menor y, según dicen los exportadores, “se hace cada vez más difícil respirar”.

De hecho, el presidente del Comité de Exportadores de Ciruelas de Mendoza (CECIM)  Rubén Cano, vaticina que “va a ser un año muy difícil porque no se espera que bajen los costos (en dólares) ni que mejoren los precios en el mercado internacional”. En declaraciones que publica en su último número la revista de circulación regional Campo Andino & Agroindustria, el industrial advierte que Argentina pierde competitividad en este negocio”.

Con números en la mano

Pero las preocupaciones de Cano se vieron graficadas en las últimas semanas en un estudio de costos que circula entre empresarios del sector y al que tuvo acceso FINCAS. 

El trabajo, elaborado sobre el supuesto de una cosecha de 180.000 toneladas, concluye que sólo cosechar la producción de ciruelas 2010/2011, llevarla al secadero e industrializarla, va a costar más de 160 millones de pesos, dinero con el que habría que disponer entre el 15 de febrero y el 15 de marzo.  La pregunta que se están haciendo en el sector es: “¿Quién financiaría esos 40 millones de dólares?”. Cabe aclarar que en ese monto no está incluido el costo de producción de la fruta (en finca); ni los de acondicionamiento y exportación; ni el costo financiero ni las amortizaciones, ni el costo que implica tener guardada la mitad de la producción. 

Sobre este último punto cabe una consideración adicional. El trabajo previene que la proyección de exportaciones para este año rondará las 30.000 toneladas (sobre las casi 60.000 que quedarían como producto de esta campaña, si se recolectaran y procesaran los 180 millones de kilos); por lo que estarían quedando sin destino comercial otras casi 30.000 toneladas. Esto implicará inmovilizar alrededor de 80 millones de pesos en fruta que va a aumentar la “parva perenne” (así se refieren, quienes están en el negocio, a la mercadería en stock). A ello habrá que sumarles unas 10.000 toneladas que quedaron como saldo de las campañas 2009 y 2010 .

Competitividad resentida

Así, los números expuestos en el trabajo permiten concluir, en igual sentido que las expresiones de Rubén Cano, que el panorama es altamente preocupante.

De tal manera que parece difícil responder a los interrogantes sobre cómo hacer frente a ese fuerte requerimiento financiero que tendrá el sector en tan corto tiempo y, sobre todo, acerca del destino que finalmente pueda tener lo producido, ante la persistente pesadez del mercado y la férrea competencia de otros países productores (particularmente Chile y California). 

En este sentido, el presidente del CECIM apuntaba, en la mencionada publicación, que “vamos a tener que competir duramente, sobre todo con Chile”, no sólo por sus ventajas en términos de tratamiento fiscal y su política de comercio exterior, sino también por razones productivas. 

“Nosotros -decía Cano- tenemos rendimientos promedio apenas por encima de 10.000 kg/hectárea, mientras que Chile está cercano a los 30.000”. Señalaba, entre otras razones, que “acá, la producción está muy condicionada por las contingencias climáticas”. 

Buena parte de los productores son conscientes de los problemas de competitividad del sector. De todos modos, habría que ver qué harían los exportadores de Mendoza con un volumen de producción mayor aún que el que cabe esperar para este año. Pero según el industrial, Argentina pierde competitividad en los mercados que demandan alta calidad por la oferta reducida a raíz de la baja producción (de mercadería de esa calidad superior); y en los mercados “de precios”, porque los costos argentinos son cada vez más altos.

El costo laboral 
Uno de los componentes que está incidiendo de manera creciente en la falta de competitividad de la industria frente a los más fuertes competidores en el mercado mundial de la ciruela seca, es el sostenido incremento que han tenido los costos laborales. Esto es algo que sistemáticamente señalan las entidades de distintos sectores de la producción agrícola y agroindustrial, y este caso no es la excepción.

Así como pudimos disponer de ese cuadro que detalla el costo que tendrá cosechar la ciruela, llevarla al secadero y secarla (sin considerar el precio de la materia prima ni otros gastos), tuvimos acceso a otro, en el que se desglosan los componentes del costo laboral.

El trabajo data de mayo de 2010 y se refiere a lo que realmente le cuesta a la industria de la ciruela, un operario calificado en relación de dependencia. Es un intento de poder cuantificar el costo real, ya que hay un sin número de costos ocultos. El informe es, en realidad, lo que podría considerarse un “detalle razonado” para llegar a una aproximación al costo laboral argentino en la Industria de la Alimentación. Mas allá de si los salarios de bolsillo son altos o bajos, en Argentina es muy complicado poder predecir cuánto es el costo real para las empresas, ya que una gran mayoría de los despidos terminan judicializados. 

Lo interesante es que, al margen de lo que habitualmente se plantea acerca de lo que le cuesta un trabajador en blanco al empleador, por encima del sueldo de bolsillo, el estudio ahonda en componentes que habitualmente no son considerados al momento de calcular el costo salarial efectivo. 

Es que, para determinar el costo de la hora efectivamente trabajada, mete en la ecuación el tiempo improductivo que igual se paga, como el que insumen las enfermedades, feriados y vacaciones.

Así, de estos cálculos se desprende que el costo real, para el empleador, de la hora efectivamente trabajada por un operario calificado, en relación de dependencia,  se ubica por encima del doble del valor de convenio. En efecto, mientras  el valor de la hora según el convenio del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación era (a mayo de 2010), de $20,50; el que surge del cálculo que contempla las horas anuales no efectivas (pagadas y no trabajadas) es de $43,76.

Es interesante ver que, al minimizar el costo laboral y no tomar el real, se transfiere la diferencia a beneficio; o como precio en menos, al vender. Esto trae aparejado que muchas veces el pasivo laboral oculto es mayor que el valor de realización de los activos de una empresa. 

Conocedores del negocio reflexionan que “éste podría ser el motivo por el cual las empresas agroindustriales históricas no cerraron sus puertas cuando el negocio terminó, si no que la gran mayoría de ellas terminó en quiebra”.

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